La tragedia de los luditas: una historia para el optimismo en la era digital.

Jaume SuésArtículos

Hoy hace exactamente 200 años, en pleno arranque de la Revolución Industrial en Europa de principios del S. XIX, estalló una protesta de los artesanos ingleses contra las “máquinas que quitaban el empleo”.

El movimiento, al que se llamó ludismo, prosperó y llegó a crear un líder imaginario (el “Rey Ludd”), que, como Robin Hood, vivía en el bosque de Sherwood.

La reivindicación se nutrió del creciente miedo a que, en una economía vista como un juego de suma cero, la proliferación de la automatización industrial llevara al paro masivo. Se usaban métodos violentos, como la destrucción de telares industriales, para aumentar la presión sobre sus demandas.

Si han visto la serie “Unabomber” de Netflix, que narra la investigación de Theodore Kaczynski que aterrorizó USA enviando cartas bomba desde 1975 hasta su detención en 1995, sabrán que sus principios se basaban también en el ludismo.

La prosperidad tecnológica de los siguientes años

La Revolución Industrial impulsó un espectacular aumento de la productividad en todo el sector industrial europeo. El PIB per cápita, que 40 años antes se había mantenido en US$ 1,700, con un 0% de crecimiento, empezó a crecer al 4% anual (Fuente: World Bank).

Los ciudadanos que se transformaron a esta nueva realidad, obtuvieron en promedio mejores empleos de mayor valor añadido.

Por el contrario, el ludismo se difuminó en las zonas industrializadas y sólo se mantuvo activo en las zonas agrícolas, bajo la figura del Capitán Swing, para finalmente desaparecer.

Se considera 1830 como el año en que el ludismo queda definitivamente disuelto.

La historia se repite

Vivimos en una década marcada por la disrupción digital, que muchos nombran (acertadamente en mi opinión) como la 4a Revolución Industrial. En el corazón de la misma no hay más que una nueva frontera de la aplicación tecnológica masiva para automatizar procesos, esta vez aplicada a los empleos de cuello blanco.

Diversos estudios alertan que la aplicación de RPA (Robotic Process Automation), tecnología de la que somos especialistas en ARIA Bots, IA (Intelligent Automation) y AI (Inteligencia Artificial) eliminará el 50% de los trabajos actuales en los próximos 10 años. Autores renombrados, como el argentino Andres Oppenheimer (con su libro “Sálvese quien pueda“) o el americano Martin Ford (con “The raise of the robots“) mueven indirectamente el avispero del neoludismo alertando de un futuro con una clase trabajadora “económicamente irrelevante”.

No estoy de acuerdo con esta visión. En mi artículo “Las 3 anti-predicciones de AI en México para 2019” (link aquí) aposté en contra de todas las previsiones disruptivas que se hacen por Año Nuevo, y de momento voy acertando.

Soy extremadamente optimista para el futuro laboral de casi todos

Nuevo sector de aplicación, pero misma dinámica. La economía que sigue sin ser un juego de suma cero. El aumento de productividad eventualmente trasciende a la calidad del trabajo y retribución del grueso de trabajadores.

El World Economic Forum publicó un excelente estudio estadístico y demográfico (“The Future of Work”, link al resumen ejecutivo aquí) en el que concluía que la Inteligencia Artificial, si bien automatizará 75 millones de puestos de trabajo hasta el 2030, creará 133 millones de nuevos empleos de mayor valor añadido.

Por supuesto, en esta evolución tecnológica habrá ganadores y perdedores, nuevos profesionales y nuevos luditas, pero, en promedio, soy optimista en que la inteligencia artificial contribuirá al desarrollo económico y bienestar social.

Quizás deberemos encontrar nuevos índices para medir la contribución de la economía compartida, donde con menos activos productivos (ej. un coche) se generarán mejores experiencias (ej. más viajes), pero esta es una discusión aparte muy necesaria probablemente para que los reguladores adapten nuestros marcos legales a esta nueva realidad que llega.